Confesiones de una traductora trans

Julianna Neuhouser llegó a las filas de tus editoras de confianza gracias a un concierto de punk. Nos conocimos en el Centro de salud en la Ciudad de México donde terminamos sentadas en la misma mesa gracias a amigos en común.  Allí descubrí que al igual que yo era traductora, que también amaba la literatura y la música en directo, que es una persona sumamente irónica y bien informada y que su historia dista mucho de ser ordinaria. Julianna nació en el estado de Indiana en una familia menonita, pero creció en Seattle; es decir, es una menonita de ciudad, y no sólo eso, es una menonita trans de ciudad, lo que la aleja de cualquier estereotipo. Ella vive en México desde 2010, donde trabaja como traductora literaria por su propia cuenta. Para Tinta Roja Editoras tradujo la novela Vigilantes, sobre la que puedes leer aquí

Platicamos con Julianna sobre traducción, literatura, Wagner, Octavio Paz y lo que significa el verdadero orgullo LGBTQI. 

Desde tu experiencia, ¿cuál es la diferencia entre hacer traducción técnica y literaria?

La traducción técnica es lo que paga la renta (risas), y existen muchos proyectos no literarios que también son interesantes. Son géneros diferentes, así que tienen requisitos diferentes. Creo que la mejor manera de pensar cualquier texto es considerar que tiene ciertas reglas según su género, por ejemplo, la poesía y la ciencia ficción son géneros con sus propias reglas. Un contrato, con sus reglas internas, es un género también. Así que, en cierta medida, no veo que la traducción técnica y literaria sean muy distintas; en ambas tienes que saber las reglas del género tanto en español como en inglés porque no son iguales en ambos idiomas, existen convenciones diferentes. 

¿Qué opinas sobre las herramientas de traducción automática?

Es posible que en algunos años la inteligencia artificial llegue a un punto en que las personas  traductoras ya no seamos necesarias, o tal vez sólo en textos literarios, pero estamos muy lejos de ello. Las traducciones de máquina siempre se notan y siempre son malas. Creo que uno de los problemas es que la tecnología no entiende todavía que las palabras tienen significados diferentes. Eso implica que la máquina siempre elija el significado más común, aunque no sea el que quería expresar el autor. 

Cada vez que leo una traducción hecha por una máquina veo que está llena de cognados falsos. Las traducciones de máquina siempre son muy raras porque no consideran que las ideas en un idioma se expresan de maneras diferentes en otro. Tienes que saber el significado de esa palabra o frase para poder traducirla como idea. Un ejemplo muy básico es la frase en español “la gota que derramó el vaso”; el inglés tiene una frase distinta para expresar la misma idea. Alguien en Estados Unidos no va a entenderla como expresión si se traduce literalmente, y alguien que habla español no va a entender “la paja que le rompió la espalda al camello”. Si se hacen a máquina, te cambian la idea por completo. 

Siempre es mejor que la traducción sea hecha por alguien que tiene ese idioma como lengua materna, por ello rechazo cualquier proyecto que requiera traducción al español. Realmente son pocas las personas que pueden escribir bien en un idioma que no es el suyo, Nabokov, por ejemplo (risas), pero para nosotros los mortales siempre es mejor escribir y traducir a nuestro idioma nativo.

Además del uso del lenguaje, considero que la traducción literaria también requiere conocimiento sobre literatura. Es importante contar con un traductor o traductora que se haya formado y haya leído muchas obras, lo que le permite entender de estilo y figuras retóricas para que pueda desmenuzar el texto.

Sí, además la intertextualidad en la literatura es importante porque el texto siempre está cargado de referencias a otros textos. Por ello tienes que ver el texto como parte de un universo expresivo y parte de la traducción es entender que sacas un texto de su universo y lo pasas a otro. Cuando estás en tu universo expresivo nativo lees lo que se escribe en tu país, y por eso los textos que se traducen te acercan a otro universo. Sin embargo, no siempre llegan a traducirse los mejores textos, o llegan tarde. Por ejemplo, en México, Revueltas es importante en el universo literario y es difícil pensar en alguien que sabe de literatura mexicana que no lo haya leído, pero sólo se tradujo al inglés por primera vez en 2018, fue su obra El apando, y creo que hasta la fecha es el único libro en inglés que hay de él.

Hace dos años, si alguien leía sobre teoría literaria mexicana, pero no sabía español, no podía leer Revueltas y ahora conoce un solo libro de ese autor. Hay escritores que son muy leídos en Estados Unidos y aquí no se leen tanto, o que tienen pésima fama allá y son muy populares aquí. La traducción es un diálogo imperfecto porque no estamos en los mismos universos expresivos.

Hay textos muy fáciles de traducir, pero eso no significa que sean textos buenos o no, depende del estilo de la prosa. Por ejemplo, traduje a Osvaldo Bayer, él tiene un estilo de prosa muy claro y simple, pero eso no significa que no sea un gran autor. Cuando su estilo es así de claro, parecido a Hemingway, es fácil de traducir y se puede expresar bien en otro idioma. En cambio, hay otros autores como Miguel Ángel Asturias, que nunca ha sido popular en Estados Unidos y creo que es porque sus textos son difíciles de traducir, en sus textos hay muchos juegos de palabra.

Considero que leer un texto traducido, es decir, que viene de un universo expresivo diferente, es interesante porque es posible que el autor tuviera una audiencia muy clara al escribir, pero esa audiencia no es lo mismo en otro país. Otro ejemplo, Los detectives salvajes es un libro muy popular en Estados Unidos, ha sido el gran éxito de la literatura latinoamericana en el exterior en los años recientes, pero en esta obra existe una fuerte postura en contra de Octavio Paz, quien es muy conocido en Estados Unidos. Es fácil encontrar una copia de las obras completas de Paz, hasta lo mencionaron en la película de Capitán América, se trata de un autor ubicable. 

Sin embargo, no se conoce la parte extraliteraria de Paz. No se sabe que se relacionaba con Carlos Salinas o que aparecía en Televisa todos los días. Quienes no tienen este contexto podrían preguntarse “¿por qué un poeta escribiría en contra de otro poeta?” porque quizá conocen El laberinto de la soledad, pero no conocen al Octavio Paz de todos los días en México, donde no es tan querido, al menos hoy. Por todo eso, quien lee la traducción de este libro de Bolaño, no entiende por completo el contexto de por qué esa generación estaba en contra de Paz y su círculo cercano. 

Yo tengo una enorme dicotomía en cuanto a este tema del contexto porque, si juzgamos al autor por su vida, nos van a quedar muy pocos autores.

Una vez fui a una exposición de Picasso con mi mamá. Fue una muy buena exposición, lo curaron muy bien. Empezamos el recorrido encantadas, pero al final terminamos con la idea de que él era muy misógino. Había obras impresionantes, pero también teníamos cierto disgusto al salir del museo. Sin embargo, creo que es mejor reconocerlo que intentar esconderlo, eso me disgusta bastante. Por ejemplo, en los museos de México presentan a Dr. Atl como “el viejito que pintaba volcanes”, pero Dr. Atl era bastante nazi. El objetivo no es destrozar sus obras, porque son buenas, pero hay que reconocer que tenía otro lado mucho más oscuro. Al final, reconocer esas complejidades es más interesante.  

Considero que esas cuestiones son más fáciles de tratar con personas que ya murieron porque Picasso no está vivo hoy violentando mujeres, ni Dr. Atl está vivo difundiendo discursos de odio. No creo que hay que cancelar a los muertos. También soy muy fan Wagner, para mí es el mejor compositor de todos los tiempos, pero también tenía un lado muy oscuro. Y es más fácil aceptar estas complejidades cuando las personas ya no están. Recuerdo por ejemplo cuando murió Michael Jackson. Mi reacción fue “finalmente podemos escuchar Thriller sin culpas” (risas), porque todo el mundo sabía que abusaba de niños. Thriller y Off the Wall son grandes discos, pero cuando él estaba vivo teníamos mucha culpa al escucharlos; ahora ya no estamos apoyando a ese abusador, ya murió y ya no puede hacerle daño a nadie, así que voy a escucharlo.

Entonces podemos leer a Octavio Paz tranquilamente.

Se sabe que usaba su capital cultural para apoyar el proyecto priista, pero ya murió y parece que el proyecto priista también murió, no sé si pueda regresar otra vez (risas).

Con Picasso es distinto, lo que hizo en su vida personal lo expresaba en sus obras, pero cuando murió todos sus pecados murieron con él. De Paz no conozco mucho sobre su vida personal, pero su capital cultural apoyaba un proyecto político, y ese proyecto político no murió con él, y a la medida de que el proyecto político sigue vivo, él también sigue vivo de alguna manera. Las ideas de Wagner también siguieron siendo muy polémicas después de su muerte, pero el proyecto de nacionalismo alemán y antisemitismo murió en el búnker, al menos por un rato, desafortunadamente ya regresó. Hubo ciertas décadas en las que parecía que ese proyecto político había muerto y se podía escuchar a Wagner sin culpa. Creo que nadie podía decir “voy a escuchar a Wagner sin culpa” en los años 40 o 30 aunque él ya haya estado muerto.

¿Entonces crees que traduces a la persona o a su obra? ¿Consideras que puedes separarlos?

Creo que depende mucho del autor porque hay algunos cuya obra es más personal que otros.

Se me ocurre, por ejemplo, Junot Díaz, que sus libros son autobiográficos, donde claramente él es el personaje. En cambio, hay otros autores que son capaces de situarse en otros tiempos y espacios, incluso cuerpas, como Virginia Wolf en Orlando.

Sí. Es como Borges, de quien sólo he traducido algunas líneas porque tenía que citar algo, pero aunque sé que sólo Borges pudo escribir a Borges, sus cuentos no son muy personales y puedes leer todos sus libros sin saber nada de su vida.

Ahora que estamos hablando de géneros vamos a jugar con las palabras. Me gustaría que nos contaras un poco de tu historia como persona trans. 

Ser trans es parte de quien soy, pero a veces escucho a personas que dicen “¡qué valientes eres!” y no, sólo es algo que tenía que hacer. Por otro lado, creo que el hecho de ir de una posición de sujeto a otra es una experiencia muy buena, obviamente no es para todo el mundo, pero te ayuda a entender muchas cosas. 

Es parecido a lo que decía sobre pertenecer a un universo expresivo, porque hay cosas que te parecen naturales pero no lo son. Ya seas traductor o sólo bilingüe, empiezas a notar y a entender que lo que tomaste por natural no es natural. En cierta medida la experiencia es parecida. Si naces de una manera, con cierta corporalidad, no importa qué seas, tomas las cosas como naturales dado que es lo único que conoces. Si vas a otra corporalidad que implica otro posicionamiento en la cultura, es un viaje interesante… no sé cómo describir ese sentimiento.

En temas de discriminación laboral, el problema es que en el mundo de la traducción no hay contratos y cuando los hay es sólo para un proyecto, no tienes nada fijo. Es un poco difícil porque cualquier ley contra la discriminación no aplica en este tipo de trabajos, ya que nadie pude despedirte si no eres una empleada, aunque sí que pueden dejar de contratarte. Incluso si tienes contrato es difícil, como pasó en La Salle, donde despidieron a una profesora de medicina aunque tenía un puesto fijo, y fue obvio que debió a ser trans. Pueden discriminarte sin hacerlo abiertamente.

Existe un estereotipo sobre las chicas trans que son sexoservidoras. Alguna vez platiqué con ellas y les  pregunté si siempre se plantearon ser sexoservidoras, porque hay personas que desean serlo y otras que no, que lo hacen porque la vida las orilla, y es un tema muy complejo. Muchas de ellas me han platicado que si no tienen estudios no tienen muchas opciones. Además, la gente no las contrata para estar frente a un mostrador, para recibir a la gente en un restaurante o para trabajos que tienen que ver con turismo o para ser la imagen de una empresa. 

Yo nunca lo había pensado, y desde ese momento me he dedicado a observar y no he encontrado ni una sola persona trans atendiendo en un restaurante, ni en un hotel, ni en una tienda de ningún tipo, ni en el supermercado. Tenemos que cambiar eso porque los restaurantes pegan su bandera LGBT+ en la puerta durante el fin de semana del orgullo, pero no sirve de nada si no cambiamos las cosas, sobre todo para las personas que no tienen papeles o no tienen estudios.

A mí me va mucho mejor que a otras personas porque alcancé a tener un oficio antes de transicionar. Además es un oficio que no requiere que sea la imagen pública de nadie. Hay muchos clientes a los que nunca he visto; me mandan textos, luego yo se los regreso y me depositan. Eso facilita las cosas y no es una coincidencia que muchas de las personas trans que tenemos trabajos buenos es porque son trabajos a distancia.

La cuestión laboral y educativa son temas de los que no se habla mucho. Se habla de los transfeminicidos, pero resulta que muchas de las víctimas estaban en situación de riesgo y la pregunta es ¿cómo llegó a esa situación de riesgo? Y, como dices, no todas las trabajadoras sexuales despertaron una mañana y dijeron “quiero ser trabajadora sexual”, se trata de las circunstancias que pasan antes. Pero es cuando pregunto por qué esa persona llegó a esa situación de riesgo que encuentro más resistencia. Es decir, si matan a una mujer trans, la gente opina que está mal; si se habla de la situación de riesgo que estaba viviendo, se dice que estaba mal, pero al hablar sobre cómo llegan a esas situaciones de riesgo, la gente no quiere hablar de eso. 

Muchas veces, personas muy brillantes terminan abandonando la universidad porque sufren acoso de sus compañeros e incluso de sus profesores, eso también sucede en lo laboral. Yo soy muy afortunada por tener un trabajo en el que no tengo que interactuar con nadie aparte de correos y llamadas con los clientes, no tengo que socializar, pero sé que también hay mucho acoso en el trabajo. Y también creo que es un asunto tanto de clase como de identidad. Las personas LGBT+ no siempre tenemos trabajo y eso también es un problema, así como sucede con las personas racializadas. Los dos grupos tienen tasas de desempleo más alto que lo normal. Entonces, si estamos hablando de una política de identidad o de clase, es un dilema falso porque, mientras tenemos trabajo, nuestras identidades y nuestra habilidad de ir al registro civil para cambiar nuestros papeles son asunto de debate en los medios, y todo eso afecta cómo nos tratan en nuestros trabajos. 

Entonces, todas universidades o lugares de trabajo que se asumen como pro LGTBQ+ deberían asumir la responsabilidad de dar oportunidades iguales a todas las personas. Me parece importante decirlo porque no se trata de poner una bandera en la foto de perfil de Instagram o de pintar los pasos de cebra en Reforma con los colores del arcoíris, sino de luchar todos los días por crear políticas y construir una sociedad que acepte y abrace a los grupos más vulnerables. Si las mujeres ya somos vulneradas en México, las mujeres trans lo son mucho más.

En la marcha del orgullo de 2019 me puso de malas ver a todas las marcas. Lo que más me molestó fue ver a Amazon. De acuerdo con lo que sé de sus políticas internas, Amazon es una empresa LGBT+-friendly, tengo un amigo que trabajaba ahí y a veces me preguntaba cómo usar un lenguaje más incluyente porque en lo interno sí se cuidan esas cosas.

Sin embargo, el efecto que ha tenido su presencia en el espacio es distinto, ahora Amazon básicamente controla la ciudad de Seattle. Hace unos años Amazon puso sus nuevas oficinas en una parte del centro muy cerca de Capitol Hill, que es una colonia tradicionalmente LGBT+, al menos en las últimas décadas, la cual ha sido invadida por hombres homofóbicos y transfóbicos, y ahora nadie se siente seguro en la colonia. Aunque es donde están todos los bares LGBT+ de la ciudad, ninguna persona de la comunidad va a esos bares los fines de semana porque la colonia se inunda de este tipo de personas y ya no es un lugar seguro. Eso está relacionado directamente con las nuevas oficinas de Amazon. Las grandes compañías no afectan sólo por sus políticas internas, sino también por las maneras de existir en el espacio que pueden ser perjudiciales para la comunidad.

Hay ciertos negocios que sólo tienen responsabilidades con sus empleados, proveedores y tal vez con el medio ambiente, dependiendo de qué tipo de negocio es, y no afectan a nadie afuera de sus oficinas; en cambio, si eres tan grande como Amazon sí tienes otros efectos. Lo mismo pasa en San Francisco, por ejemplo, que siempre ha sido la ciudad más queer del país, pero cada año lo es menos por la influencia de empresas enormes, las cuales tienen un gran efecto en la vida social de la ciudad.

Para tratar de cerrar todo lo que hemos hablado. Si comparamos estos universos discursivos de ser hombre, de ser mujer o de un idioma a otro, ¿tú crees que transicionar tiene que ver con traducir lo que eres por dentro con lo que eres por fuera?

Creo que sí porque en ambos casos has habitado dos universos. Considero que son experiencias paralelas y puede ser enriquecedor, pero no sé si me hace mejor o peor en ninguna de las dos cosas.